El sueño de Yaap termina en liquidación

El sueño de Yaap termina en liquidación

Con 27 millones de inversión y solo 2.444 euros de ingresos en 2014, los fundadores de Yaap no han tenido más remedio que liquidar uno de los primos sueños fintech de España.

No más de tres años; ese es exactamente el tiempo que ha durado el sueño de Yaap. Una de las primeras experiencias fintech del panorama emprendedor español acaba de anunciar que echa el cierre.

Un mes después de su estreno entre los clientes, el director general de Yaap, Carlos Beldarrain, explicaba a Hipertextual que su función para con el mundo era permitir enviar, recibir y solicitar dinero de una forma sencilla a través de un móvil. Un objetivo muy similar a lo que precisamente hace PayPal, pero en una versión española. Y ya se sabe que estas cosas no suelen salir precisamente bien; sobre todo si en la ecuación juntamos a tres grandes empresas, siendo dos de ellas bancos. Banco Santander, CaixaBank y Teléfonica estuvieron directamente vinculadas a la fundación del proyecto como socios principales.

La deuda de Yaap alcanzó los 8,02 millones de euros en 2014, último dato públicoEl problema, con el paso de los años ha sido de pura lógica. Banco Santander y CaixaBank han evolucionado y se han adaptado a una nueva generación que requiere los pagos móviles como fundamento de sus movimientos bancarios. ¿Por qué compartir plataforma con uno de tus principales competidores cuando puedes gestionar la tuya propia? Resultado: fin del negocio conjunto. La actividad de Yaap, que desde hacía tiempo se había estado enfocando a las pequeñas empresas (Yaap Shoopping), había estado virando a los pagos entre particulares (Yaap Money) por una falta de clientes poytenciales. Solapándose, además, con lo que ya hace ImaginBank, por ejemplo. El objetivo de crear una gran base de clientes para viralizar la app, y con ello obligar a los que no estaban registrados a tener que hacerlo ha saltado por los aires.

Un problema de cuentas

Para fundar la compañía, los tres socios aportaron un total de 27 millones de inversión, más seis millones en créditos. Desde luego es mucho más que lo que reciben la mayor parte de las empresas que crecen en este sector.

Pero sus objetivos eran ambiciosos, y lo ambicioso suele ser caro. Para poder penetrar bien en el mercado era necesario llegar de forma rápida y directa a cuantos más clientes y usuarios les fuese posible en el menor espacio de tiempo. Gran parte de esos fondos fueron a desarrollar aplicaciones móviles para que los pequeños comercios tuviesen herramientas de marketing digital, y así conocer y fidelizar a los clientes. No funcionó.

La aplicación era completamente gratuita, por lo que sus beneficios eran exiguos. Primero había que llegar a cuantos más clientes se pudiese, en tantos países como sucursales tenían los bancos implicados y ya después se pensaría en la monetización. Que pasaba por el modelo premium, al cual no han llegado y ha dado como resultado que, al menos en el último reporte de cuentas público, Yaap tuviese un agujero de 8,02 millones de euros y unos discretos ingresos de 2.444 euros.

Con esta perspectiva lo mejor ha sido liquidar Yaap, y olvidarse de una -seguramente imposible- venta.

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