‘La llegada’, el poder emocional de la ciencia ficción

La llegada

El director Denis Villeneuve ha sido el último que se ha dejado seducir por la ciencia ficción, hasta el punto de que, tras su nueva película de este género, ya tiene otra de la familia en camino.Sin embargo, para que este cineasta canadiense se haya interesado por un proyecto como La llegada, no hay duda de que su guion debe caracterizarse, para empezar, por ser algo lo más alejado posible de las intrigas palomiteras con escenas de acción prefabricadas y conceptos futuristas simplones, y para seguir, ha de contar además con una idea primaria que huya de lo común y entrañe cierta complejidad inteligible. Porque Villeneuve no tiene nada de mercenario y sí bastante personalidad, y lo convencional no va precisamente con él, hecho que ha ido demostrando a lo largo de su aún prometedora carrera.

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Y es que el libro recopilatorio del estadounidense Ted Chiang cuyo título es el mismo que el del relato en que se basa el filme, La historia de tu vida, tiene ese puntillo insólito que apunta de lleno a una complejidad original y que habría convencido en seguida a Villeneuve de lo conveniente que sería adaptarlo al cine. Pero lo cierto es que fue el guionista Eric Heisserer, que llevaba años buscando la adaptación del relato, el primero que se había dado cuenta de ello; y después, los productores Dan Cohen y su tocayo Levine, quienes le propusieron al realizador canadiense que se pusiera al frente del proyecto.

Según cuenta el propio Villeneuve, deseaba rodar una película de ficción científica desde tiempo atrás, pero no había encontrado la idea adecuada hasta la propuesta de esta adaptación; y debió de cautivarle lo suyo la premisa y la desenlace del misterio de Chiang porque en La llegada ha dejado de lado su principal interés narrativo: las entrañas de la violencia social. Ya lo hizo cuando decidió adaptar una novela de José Saramago con la malograda Enemy (2013), pero resulta innegable que de su primer aporte a la ciencia ficción ha salido muchísimo más airoso. No obstante, también en este filme asoma con claridad la propensión a la respuesta violenta colectiva, así que tampoco ha abandonado del todo su interés habitual.La rareza del relato de Chiang y de La llegada, puesto que la adaptación lo respeta esencialmente para mantener su poderosa singularidad, radica en tres atributos fundamentales. El primero, algo muy desatendido en la ficción científica sobre encuentros extraterrestres, y cuya lógica aplastante debería avergonzar a no pocos narradores, es la enorme dificultad en la comunicación con criaturas alienígenas venidas de no se sabe qué rincón del Universo, la cual hasta se erige como motor del filme. El segundo atributo diferencial es la mismísima idea en torno a la que gira la gran incógnita de esta narración, expuesta en los primeros compases como de pasada y recogida durante el tramo final en un ejemplo de coherencia discursiva que honra a Chiang y, de rebote, a Heisserer, una idea que establece la mencionada e inestimable vena compleja de la historia.

Y el tercer atributo distintivo no es otra cosa que aquello que garantiza la adhesión de los espectadores a la causa tanto de la protagonista como de los cineastas responsables de su metamorfosis: la vertiente emocional que engulle este relato de ciencia ficción, que se entrelaza con los elementos de esta y lo dignifica como experiencia humana, mucho más de lo que podría hacerlo cualquier invención ultratecnológica o futurista. Es decir, se trata de un caso de ciencia ficción íntima o intimista, a todas luces inesperada incluso para el cinéfilo más avezado y, así, sencillamente admirable.

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Por otro lado, la certidumbre de que estamos ante un extraño acercamiento al género, que se aparta de las proposiciones comerciales y marcha con la cabeza bien alta hacia el cine de autor, se ve acentuada por las exclusivas decisiones visuales de Villeneuve y su pulcritud de ningún modo académica, sino serena y estilizada, y el tono pintoresco en la banda sonora del islandés Jóhann Jóhannsson, que mezcla una lírica más que ocasional con sonidos orientalizados y manifiestamente alienígenas, y que ya había escrito las partituras de Prisoners (2013) y Sicario (2015), películas anteriores de Villeneuve, y se está encargando ahora de la de su proyecto actual, Blade Runner 2049, segundo asalto a la ficción científica del cineasta canadiense.El corazón de la historia de La llegada es, sin discusión posible, la doctora Louise Banks, a la que encarna una lúcida Amy Adams (Atrápame si puedes, American Hustle) que merece todos los elogios por su precisión y detallismo interpretativo. Jeremy Renner (The Hurt Locker, MCU) se defiende bien como su compañero Ian Donnelly, sin destacar; como Tzi Ma (24) en la piel del general Shang y Mark O’Brien (Halt and Catch Fire) en la del capitán Marks. Y es imposible que uno pille a Forest Whitaker (Phone Booth, El último rey de Escocia) en renuncio alguno como el coronel Weber, porque este es otro actor que mide cada uno de sus gestos.

Sin embargo, parece que este 2016 es el año en que se desaprovechan por completo las amplias capacidades de un actor como Michael Stuhlbarg (A Serious Man, Boardwalk Empire, Steve Jobs): primero fue Scott Derrickson en Doctor Strange el que le relegó a ser una mera comparsa, y ahora es Villeneuve en La llegada el que le reduce a lo mismo como el agente Halpern. Quizá se desaproveche también la oportunidad de ofrecer una mayor inmersión en el retrato global del fenómeno de los cascos extraterrestres fuera de los noticiarios, y de abordar determinadas escenas y tramas con una menor frialdad.

Por fortuna, nada más falta y nada sobra en esta atípica película de ciencia ficción, en la que un minucioso Villeneuve construye el desarrollo de su llamativo misterio con la paciencia de un maquetista, llenándonos de incertidumbre durante casi todo el metraje y de asombro en las interacciones con los alienígenas y en ese ambiente de los cascos que no es de este mundo. Y al fin, la sorpresa estalla con todo el vigor necesario en una imponente secuencia de montaje vivaz que acaba por emocionarnos como es debido.8.5Que no se engañe quien se acerque a La llegada buscando la típica aventurilla de ciencia ficción con tecnología de un futuro en el que, sobre todo, se ha progresado en potencia destructora: este relato es tan distinguido e importante como pueda serlo una manera de pensar diferente y revolucionaria que reconfigure nuestra memoria emocional como espectadores. No es moco de pavo.- La estilizada pulcritud visual del director Denis Villeneuve.
– El desarrollo del misterio lleno de coherencia discursiva.
– Que es un caso admirable de ciencia ficción intimista.
– Que Amy Adams merece todos los elogios por su destallismo interpretativo.
– La imponente secuencia de clímax que nos emociona como es debido.- Que debería ofrecer una mayor inmersión en el retrato global del fenómeno de los cascos extraterrestres fuera de los noticiarios.
– La frialdad con la que se abordan determinadas escenas y tramas.
– Que se desaprovechan por completo las amplias capacidades de un actor como Michael Stuhlbarg.

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