Tan tierno que podría comérmelo: por qué las cosas lindas inspiran violencia

Tan tierno que podría comérmelo: por qué las cosas lindas inspiran violencia

La explicación de por qué tus tías te pellizcaban las mejillas todo el tiempo cuando eras pequeño.

Es probable que alguna vez hayas sentido los mismos instintos que eran la fuerza detrás de Elvira Duff, aquel personaje de Animaniacs que amaba tanto a los animales que quería abrazarlos y apretarlos “hasta volverlos diminutos pedazos”. Aunque no suena a la clase de impulso que compartiríamos con nuestros amigos alegremente, los psicólogos dicen que es completamente normal y hasta lo han bautizado con el extraño nombre de “cute aggression”, es decir, la agresión causada por las cosas lindas.

“Cute aggression” es una compulsión extraña e hipotética por causar daño, causada por la visión de algo insoportablemente tierno. El fenómeno fue explorado por primera vez por dos investigadoras del departamento de psicología de Yale, Rebecca Dyer y Oriana Aragón. Según las investigadoras , esta sensación es similar a la risa nerviosa o a las lágrimas de felicidad, es decir, es una manera de nuestro organismo de regular las emociones extremas que está experimentando, mediante el acto de arrojarse en el sentido opuesto para restaurar el balance. Es decir, que ese deseo incontrolable de apretar a un cachorrito hasta que explote es simplemente una sensación súbita e incontrolable de felicidad ante la cual tu cuerpo no sabe cómo reaccionar.

Esto se denomina una respuesta dimórfica al estímulo, y según los investigadores, las personas que experimentan este tipo de respuesta agresiva ante cosas muy lindas, también tienden a mostrar respuestas dimórficas en otro tipo de circunstancias (por ejemplo, son personas que lloran cuando están muy felices). Es decir, estas respuestas tendrían lugar cuando las personas se ven abrumadas por la fuerza de una determinada emoción, y este mecanismo les permitiría recuperarse mejor y más rápidamente.

cute aggression

Foto por mariamichelle, bajo licencia CC0 dominio público.

Según el estudio en el que se basan estos hallazgos, los participantes mostraban expresiones más altas de deseos de cuidar cuando se les mostraba bebés con caras más infantiles, pero también mostraban expresiones más altas de agresión en los mismos casos (deseos de pellizcarles las mejillas). Como confirmación de la teoría, también se demostró que los mismos participantes mostraban una mayor caída en la emoción positiva una vez transcurridos cinco minutos, lo que demostraría que en efecto, la respuesta agresiva funciona como un regulador de la emoción.

Estos indicadores de “adorabilidad” fueron categorizados por un etnólogo, Konrad Lorenz, quien identificó los factores que hacen que una persona, animal o figura antropomórfica se asemeje a un bebé: cabezas y ojos grandes, rostro redondeado. La razón de que percibamos las cosas como “lindas” o “adorables” radica en un impulso animal básico de inspirar una respuesta de cuidado y protección, con la lógica de que los animales (de cualquier especie) necesitan ser protegidos cuando son pequeños. Inclusive, según estudios recientes, es posible que esta sea la causa por la cual las personas tienden a dotar de características humanas a cosas o animales que encuentran adorables.

Sin embargo, y a pesar de que en apariencia, todos tenemos estos extraños impulsos en el fondo de nuestro cerebro, no parece ser algo por lo que debamos preocuparnos. Según las propias investigadoras, es improbable que el impulso de agresión se convierta jamás en una respuesta física negativa, al menos en una persona promedio. Por el contrario, este impulso es considerado una respuesta saludable e incluso necesaria.

Estos descubrimientos (aparte de explicarnos qué era lo que le sucedía a Elvira, finalmente) nos aproximan un poco más a comprender cómo las personas expresamos y controlamos nuestras emociones, lo que a su vez es importante para la forma en que estas inciden en nuestra salud emocional y física, así como nuestra capacidad de interrelacionarnos con otras personas. Mientras aprendemos cómo esto puede ayudarnos a ser personas más sanas y balanceadas emocionalmente, intenta controlar tus urgencias y mantener vivo a tu gato. No lo estrujes. Suéltalo. Ya.

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