Tres cosas que me gustaron (y dos que odié) de la Lumix GH5 [FW Labs]

Los que me conocen de verdad saben que en mi vida sólo tengo tres debilidades: los rusos blancos con mucho Kahlúa, los éxitos italianos de los 60 en español, y las buenas cámaras. De hecho, las únicas cámaras que han logrado encantarme -al punto de poseerlas- son mi fiel y muy soviética Zenit 122 análoga y la Canon 7D que sobrevivió toda mi vida universitaria. En ese mundo, la línea de cámaras Lumix jamás había logrado llamar mi atención, tanto fotográficamente con su enorme gama de semi-pros como su calidad de captura de video, por todos conocida gracias a la GH4. Con esos antecedentes, la Lumix GH5 -que estuvo en mis manos durante dos semanas y que llevé conmigo en la cobertura de Niubie a la E3 2017– no tenía muchas posibilidades.

Hasta que la probé.

Créditos: Cameralabs

Especificaciones:

  • Sin espejo
  • Sensor de 20MP Micro Four Thirds (M4/3)
  • Procesador de imagen Venus Engine
  • Estabilización de sensor de 5 ejes con Dual IS 2
  • Viewfinder OLED 4K (0,76×3,68 millones de puntos)
  • Pantalla táctil de 3,2” de ángulo libre
  • ISO 25600, nativo 800
  • Doble slot UHS-II SD, Wifi y Bluetooth

Lo que me gustó

1. La versatilidad

Hoy por hoy es cada vez más complicado encontrar cámaras -tanto DSLR como mirrorless- que sólo hagan una cosa. Canon siempre tuvo equipos capaces de hacer fotografía increíble y saltaron al patio de las secuencias de imágenes, y más tarde al video; Sony hizo lo suyo pero en el sentido inverso, con una larga historia de cámaras de video para luego aventurarse en la frontera fotográfica. Sin embargo, ninguna de estas dos marcas que dominan el mercado -descontando a Nikon que jamás salió de su molde- puede tener todos los mundos en uno solo sin descuidar alguna cosa: Canon limita profundamente su software y le pone trabas a sus cámaras, y Sony se cae en aspectos tan básicos como la duración de la batería o la temperatura.

En este caso, la GH5 es tan completa y está tan llena de funcionalidad que realmente no es necesario ponerse en todos los casos porque la cámara ya lo hace por ti. ¿Fotografía? Es un titán capaz de tomar fotos con poca luz con mínimo ruido y niveles ISO hasta 25600, y disparar hasta doce fotos por segundo con AF-S o con foco manual. ¿Disparas secuencias y 12 fotos es muy poco para ti? La cámara cuenta con un modo llamado 6K PHOTO, que te permite tomar 60 fotos por segundo a 8MP o 30 fotos a 16MP, y elegir la mejor. ¿Haces video? La cámara adora el video, tanto si quieres calidad cinematográfica –UHD 4K 10-bit 4:2:2 RAW a 100Mbps– como cámaras rápidas –Full HD hasta 180 fps– y otras hierbas, como un modo anamórfico 4K en el que puedes usar lentes ovalados como los de Panavision y grabar en 4:3 para estirar el material más tarde en post-producción. Ya para rematar, si no quieres usar la pantalla incorporada, el viewfinder es 4K. Si me perdonan la hipérbole, es un verdadero monstruo.

En mis dos semanas de uso la GH5 se dedicó casi exclusivamente a grabar y a tomar fotografías, y en los días de mayor uso logré captar un día completo de evento con una carga completa de la batería. Repito: todo un día grabando y tomando fotos y usando sólo una carga. Es impresionante cómo la cámara respeta a cabalidad su intento de ser un gadget sin límites, y como todo aparato bien hecho, las soluciones para todos sus potenciales problemas están a la mano: la cámara es extremadamente adaptable a cualquier tipo de lentes gracias a su montura Micro 4/3, puedes agregarle un Battery Pack en caso que no sea suficiente una sola batería, y tiene 7 botones totalmente configurables en toda la carcasa para adaptarla a tus necesidades. Y bueno, no se sobrecalienta; de hecho el único problema que tuve al grabar -con cierta lentitud al almacenar los clips y al comenzar o terminar de capturar- fue finalmente un problema de la SD que estaba usando.

2. Manejo y durabilidad

Incluso con lo sensible de sus componentes y teniendo en cuenta que la cámara tiene todo un sistema de estabilización de sensor, puedo decir con propiedad que la GH5 es capaz de vivir al menos cuatro viajes en avión, caídas, climas húmedos, cambios de temperatura y presión -entre otras dificultades- sin un rasguño. El cuerpo es sólido y se siente robusto, la pantalla resiste bastante bien las rayas y el contacto, y su textura irregular además de su ergonomía le proporciona un agarre bastante seguro y cómodo. La cámara es un poco más pequeña que sus pares de otras marcas e incluso que sus hermanas Lumix semi-profesionales, pero no es realmente un problema y de hecho va muy de la mano con el tamaño del sensor, equivalente a un 16mm en filme.

Otro punto que se agradece y que usualmente no se toma mucho en cuenta es el centro de gravedad de la cámara, que en esta ocasión está un poco más atrás para facilitar el agarre y no tener todo el tiempo esa sensación de “se me va a caer hacia adelante” que tienen muchas DSLR actualmente en el mercado. De más está decir que esta repartición de peso ayuda mucho si tienes lentes grandes, del tipo zoom o incluso ciertos prime de alto milimetraje.

Tomada con la GH5 (Modelo: Josefina Araya)

3. La calidad de imagen

Es sabido que hacer comparaciones de “calidad” en un mundo de muchos tamaños de sensor y cientos de lentes diferentes es una tontería, pero la GH5 merece ser mencionada porque no solo cumple, sino que superó mis expectativas. Las fotos son excelentes y su sensor hace lo suyo considerando su reducido tamaño (el sensor APC-C de muchas cámaras Canon es casi el doble de grande). Con respecto al video, me saco el sombrero: la fidelidad es evidente, la captura en ISO elevado no tiene ni por si acaso el ruido de otras cámaras y la estabilización dual hace que si tienes un lente compatible, ambos estabilizadores -de lente y sensor- trabajen en tándem, lo que disminuye dramáticamente el movimiento de la imagen. El temido rolling shutter es bajísimo y no se asemeja al de cámaras Full Frame como la Sony A7S II.

Si eso no fuera poco, Panasonic se anotó un golazo con la comunidad cinematográfica permitiendo grabar en 4:2:2 a 10-bit, con diversas opciones de espacios de color como CINELIKE y Rec.709, además de un upgrade pagado (CLP$93.500) a VLog L, el espacio de color que usa la línea VARICAM de cámaras de cine Panasonic y que está ampliamente aceptado en diversos workflows de la industria cinematográfica. Por eso mismo es que quizá Panasonic agregó otra característica medio escondida: la posibilidad de aplicar LUT’s en cámara para monitorear el resultado final desde el inicio.

SI ya estás en el terreno del video profesional y quieres más que lo que la GH4 ya ofrecía, también te tengo buenas noticias: la GH5 tiene diversos accesorios de monitoreo en su software, como un vectorscopio y un monitor de forma de onda. Por si eso fuera poco, también cuenta con un modo de barrido sincronizado para eliminar el odioso flickering, y puedes agregarle código de tiempo compatible con SMPTE.

Y entonces, ¿Cómo se ve? Fantástico.

Tomada con la GH5

Lo que odié

1. HUD y menús

Tristemente, una cámara tan completa tenía que tener un lado menos amable: la interfaz del aparato -y esto se extiende a casi todas las cámaras Lumix- es muy enrevesada, y cosas que en otras cámaras son sencillas acá requieren un poco más de esfuerzo. Un ejemplo claro es la exposición: es posible cambiar la velocidad de obturación y el diafragma de tres formas distintas y no son intercambiables entre ellas. Por ejemplo, el diafragma se puede cambiar con un botón dedicado, con el selector de exposición y con la rueda de diafragma, pero si usas el botón dedicado, la rueda no cambia los valores. Tengo claro que es un detalle de diseño a consecuencia de tener tantas opciones configurables, pero me hubiese gustado más solidez y simpleza, algo que -por ejemplo- Canon domina por completo.

Tomada con la GH5

2. El precio

Otro aspecto que considero triste es el precio base: si quieres comprarla sin lente, la cámara cuesta USD $1999 en Estados Unidos y cerca de CLP$1.899.000 en Chile, y el precio se dispara si quieres el kit que nos facilitó Panasonic: USD $2999 y CLP $2.399.000 para una GH5 y un lente 12-60mm Leica DG.

Convengamos que -tristemente- muchas de las opciones para grabar en 4K y tomar fotografías compiten al mismo precio: su principal contendor en video digital, la Sony A7S II, roza peligrosamente los dos millones de pesos en Chile y está bien por sobre los USD $2500 en el país al norte del Río Grande. Por lo tanto, en este caso si bien su precio se justifica por la altísima cantidad de características que tiene y la versatilidad que ofrece, extiendo mi reclamo sobre el alto precio a todas las cámaras de este segmento. Esperemos que tomar fotos y grabar en 4K se democratice con el tiempo tanto como fue en su momento grabar video en DSLR, algo que Canon ya acercó a la gama baja de cámaras y le ha dado excelentes resultados.

Por lo pronto, procedo a vender mi auto [Nota del editor: el autor no tiene auto] para comprarme esta maravilla.

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